Otra historia de amor en el trópico?


Érase una vez que una joven pareja, él se llamaba Olof Wessberg, proveniente de Ulriceham, Suecia y ella Karen Mogensen (apellido antes de su matrimonio con Olof), danesa, ambos protagonistas de una historia de amor pero no una historia como las de las películas de Hollywood, una historia verdadera que tuvo lugar en uno de los lugares más remotos de Costa Rica.

Cuenta la historia que al conocerse fue amor a primera vista lo que luego se confirmaría con los intereses que tenían en común, el ser vegetarianos, la biología, y conocer otros países y culturas. En la primavera de 1954, sin decirle a nadie abandoraron Suecia en un barco de transporte de bananos con rumbo a Suramérica.

Por un año Olof y Karen viajaron por América en busca de su paraíso pero fue en un sueño de Karen que el lugar preciso le fue revelado. En ese sueño ella se vió de pie en una península mirando hacia el oceáno Pacífico, rodeada de enormes árboles con flores brillantes.

Un día viajando por la costa pacífica de Costa Rica Karen supo que estaba en casa, que habían llegado al lugar que había visto en su sueño, ese lugar se ubicaba en el extremo sur de la Península de Nicoya.

foto por nicoyapeninsula.com

Al poco tiempo se establecieron en una rústica choza, sembraron diferentes árboles frutales y vegetales, los cuales proveerían del alimento que necesitaban pero mientras los éstos crecían optaron por alimentarse de plantas que ellos vieron eran consumidas por otros animales. Aún cuando vivían en total aislamiento no se sentían solos pues los animales del bosque les hacían compañía y no les temían.

 Después de 12 años viviendo en el bosque tropical seco Olof descubrío que el los árboles en la parte alta de Cabo Blanco estaban siendo cortados por los finqueros que preferian domesticar estas tierras para dedicarlas a la agricultura y la ganadería. Olof pensó que debía proteger la parte que aún se conservaba intacta y tuvo la idea de crear un parque nacional.

En 1963 su visión se convirtió en realidad gracias al apoyo de organizaciones interacionales y el hasta entonces escéptico gobierno costarricense que accedió a su petición de crear lo que sería el primer parque nacional de Centro América, La Reserva Absoluta de Cabo Blanco.

foto por ktours.net

foto por ktours.net

Al tiempo en la Península de Osa, también en el Pacífico costarricense, había otra zona amenazada por los finqueros y mineros de oro que querían tumbar el bosque virgen, había que hacer algo al respecto, y pronto Olof se vió envuelto en otra campaña para salvar este tesoro ecológico.

Sendero Sueco, Cabo Blanco

foto por ktours.net

Gracias a su esfuerzo y osadía el Parque Nacional Corcovado sería nombrado como tal en 1975 sin embargo el precio sería muy alto esta vez para Olof, pagandolo con su propia vida.

Antes de partir Olof había prometido a su esposa regresar para su cumpleaños pero eso nunca sucedió. Preocupada, Karen viajó a Corcovado tan pronto como pudo aunque para entonces ella sabía que algo malo había pasado. Sus sopechas se confirmaron cuando encontraron los restos de Olof, deborados por las bestias, en medio del bosque que había ayudado a proteger. Asesinato fue la causa, meterse con los intereses de los que querían derrivar el bosque, el motivo.

Karen regresó con los restos de su esposo a Montezuma y lo sepultó. Ella permaneció en la plantación, habrió una modesta pensión y vivió sola hasta el día de su muerte por cáncer en 1994.

Luego de su muerte se creó la Reserva Natural Karen Mogensen, también en la Península de Nicoya, por su colaboración en la creación y por ser mimbra fundadora de la misma.

Hoy el legado de Olof y Karen permanece intacto y gracias a su visión el inicirían un proceso de conscientización sobre el valor de proteger los ecosistemas tropicales.

Movidos por el amor mutuo y hacia la naturaleza esta historia me deja varias interrogantes, y son, creo yo, el preguntarnos qué tanto estamos dispuestos a luchar por nuestras convicciones? Sabemos cuál es nuestra misión en este mundo? Es necesario que otras personas nos muestren las cosas valiosas que tenemos y no valoramos?

Adaptación de texto original por Agneta Tjäder

Pubicado en el Ulricehamns Tidning el 8 de agosto del 2000.

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