Diario de viaje por Göteborg


A finales del mes de marzo tuvimos la oportunidad de viajar a la ciudad de Gotemburgo (Göteborg en sueco), gracias en parte al “patrocinio” del trabajo de Josefine que le ha pagado los gastos para asistir a varias charlas y tal, así que aprovechamos para irnos unos días antes de su evento y darnos un merecido mini “semester” (cortas vacaciones).

Día 1.

Salimos de Sundsvall a media mañana, temperatura local (~) 4°C, brrrr!. En el pequeño avión viajeros de negocios enfundados en sus tradicionales trajes negros  volteaban su mirada a aquel par de pasajeros que rompían con la homogeneidad imperante, o sea nosotros!

Unas tres horas y unos (+) 8°C más tarde estábamos aterrizando en la que se dice ser la segunda ciudad más grande de Suecia, Gotemburgo, en el suroeste del país.

El sol brillaba sin embargo la brisa fresca no nos dejaba sentir el calorcito tan esperado. Pasarían otros 20 minutos en el shuttle y ahí estabamos en la “gran ciudad”.  Como era anticipado había más carros, mucha más gente, más y más grandes edificios, más acción pero menos naturaleza…

El autobús nos dejó cerca de la estación central de trenes, nuestra pinta inequívoca de turistas recién llegados nos delataba, ojeando mapas y hasta consultando la aplicación de GPS en el smartphone para llegar al hotel que aparentemente estaba a pasos de distancia de nuestra ubicación, debo admitir que me sentí un poco ridículo.

Sería a falta de viajar más a menudo que a veces olvidamos parte de lo que hace divertidos y emocionantes los viajes,y es precisamente arriesgarse a interactuar con la gente, aventurarse un poco a lo desconocido, a preguntar por direcciones, por ejemplo.

Día 2.

Para este día habíamos acordado dar un paseo por la ciudad con su tía.

El recorrido tendría como principal destino la parte antigua de la ciudad iniciando en la conocida Haga Nygata, una calle adornada con pequeñas tiendas, algunas artesanales de ropa, joyería, artículos para decoración entre otras chucherías.

Caminar por esta calle empedrada sería una experiencia incompleta sin hacer una parada para la tradicional fika (tomar el café) y visitar el Café Husaren, que se encuentra en una antigua casa que data de alguna década del 1800, famosa entre otras cosas, por sus enormes rollos de canela (kanelbullar) acompañados de un delicioso expresso. Para que se hagan una idea es algo parecido al hermoso Café Raventós que se ubica en el Teatro Melico Salazar.

Continuando sobre Haga Nygata doblamos en Kaponjärgatan para ascender hasta Skansen Kronan, desde donde se aprecia una panóramica de parte de la ciudad.

No podía faltar la famosa Feskekörka,  una pescadería, así como lo leen una pescadería que a parte de su antigüedad es un punto de referencia por su arquitectura que semeja una iglesia gótica del 1800.  En torno a ello se pueden escuchar algunas historias que cuentan que en realidad fue un templo funcional en algún momento y tal.

Al caer la tarde regresamos al hotel haciendo una parada en Systembolaget claro! Luego la cena, descansar un rato y prepararnos para echar un vistazo a la ciudad de noche!

Más que un recorrido teníamos muy claro que queríamos ir por un par de cervezas y escuchar algo de música en al algún bar del centro. Por recomendación del recepcionista del hotel fuimos al Dubliner, un pub irlandés con toda la parafernalia propia de estos establecimientos. Pasamos un buen rato tomando Guiness y escuchando música irlandesa en vivo. Recomendado!

Día 3.

Para mi último día de Göteborg tenía reservado ir a conocer una joya naval, el Ostindiefararen, de más de 400 años y que según entiendo fue rescatado del fondo del mar y restaurado. Camino a la casa de la tía para la cena y sin planearlo nos topamos con el Aftonstjärnan, un teatro y sala de proyecciones de más de un siglo.

En la noche nos fuimos de nuevo en busca de algún lugar para bailar música latina o algo parecido, aunque realmente las opciones en el centro se pueden contar con los dedos de una mano. De nuevo por recomendación encontramos el bar bailable Tranquilo aunque de tranquilo nada! donde la colonia latina y uno que otro atrevido sueco se encuentran para dejarse llevar por la música cadenciosa y tomar cócteles a precios exorbitantes.

Göteborg es una ciudad fácil de visitar, con un eficiente servicio de transporte público  (como en casi toda Suecia), tanto terrestre como acuático,  aunque se debe estar alerta para no cruzarse con los tranvías que circulan en el centro; con variadas opciones para hacer compras, sitios históricos y variada vida nocturna. Con un clima más benevolente y un carácter hasta cosmopolita. Sin duda regresaría de visita.

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