Adiós “kiwis” y Noruega… por ahora.


Nos despedimos de Noruega, nuestro contrato de trabajo ha terminado por lo que haremos una pausa navideña en Suecia y lo más probable es que regresemos en el primer trimestre del próximo año. Dedos cruzados! 🙂

Por once semanas nuestra rutina fue trabajo, comer, dormir, y lo mismo el día siguiente. Los dos días libres por semana, antes de la llegada del invierno, los dedicábamos a salir a conocer los alrededores y cuando las temperaturas comenzaron a bajar y la nieve a caer, recluirnos en nuestra habitación, ver TV o leer. No había otra, ir a los pocos bares locales no ofrecía mayor atractivo y por si fuera poco el consumo era por demás un riesgo para las finanzas personales.

Los “kiwis” (la gente de Nueva Zelanda) se fueron tres días antes que nosotros, en el hotel quedamos solo la “norditica” y yo. El silencio, aburrimiento y mal tiempo (frío y lluvia) eran nuestras compañeras.

 

Me atrevería a decir que a ratos extrañamos (tiempo pasado) a los “kiwis”. Sus tomatingas (reuniones para tomar licor generalmente), el bullicio y hasta su aparente indiferencia.

La mayoría ya tenía trillo hecho de temporadas previas. Nosotros, al ser la primera vez, tener un horario de trabajo distinto y evidentemente no ser del mismo país, parecíamos ajenos y en honor a la verdad tampoco nos sentíamos muy invitados a socializar más allá de lo estrictamente necesario.

Sería que nuestro objetivo era distinto (ahorrar, ahorrar y ahorrar), sería porque no frecuentábamos sus tomatingas de fin de semana o sería que después de cierta edad nos volvimos aburridos? no sé, la verdad es que al final no hubo intercambio de emails, ni invitaciones de Facebook, y en salvo contadas excepciones hubo abrazos y un cordial adiós.

Mientras escribo me percato que la entrada va tomando matices catárticos. Pero no negativamente, procuro lo contrario.

Nuestros compañeros noruegos no eran notablemente más sociables que los “kiwis”. Eso sí, a veces con unas birritas (cervezas) adentro todos nos volvíamos más amigables, especialmente ellos, las diferencias culturales se olvidaban y nos desinhibíamos, aunque al día siguiente ni nos cruzáramos palabra.

Graham, el cocinero era simpático y parlanchín, pero definitivamente no extrañaremos su comida!

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