El reencuentro


Fue una de esas noches que pasas con insomnio, maquinando ideas, a la deriva en eso que llaman sueños, donde todo es posible. Cuando menos lo esperas te tenés que levantar pero no te sientes cansado, posiblemente de la emoción que te desborda el cerebro con endorfinas.

En la mañana sentado en el pequeño comedor, en la esquina de la cocina, miraba a través de la ventana aquel árbol frondoso y cargado de manzanas -cómo me gusta ese árbol!- Un café negro, un tekoka con fiambres y queso, no más.

Caía un chubasco pero ni eso pudo distraerme, total que acá no duran las eternidades que en mi terruño. Luego de lavar mi plato y taza bajé al sótano por unas botas de hule.

Un cuarto para las once de la mañana, es tiempo de partir. De camino el sol trataba de abrirse paso entre los nubarrones, estaba determinado que era una señal, una buena.

Habían pasado solo unos días desde que la ví, esa vez sí con algo de indiferencia como queriendo olvidarla, y al mismo tiempo con cierta nostalgia.

Mientras nos acercabamos mis latidos se aceleraban. Esta vez iba a palparla mientras escuchaba su historia.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s